VENEZUELA: UN PAÍS DEVORADO POR LOS CUERVOS QUE CRIÓ

En nuestra lengua es conocido el proverbio „Cría cuervos y te sacarán los ojos“. La violencia y delincuencia en Venezuela es la ilustración más triste de esta expresión. En 2007 el propio Hugo Chávez anunció la compra de armas por un monto de varios miles de millones de dólares. Entre otras cosas cien mil fusiles AK. Una parte de ese arsenal les fue entregado a jóvenes de las barriadas más pobres. Por dos razones: Según el comandante „el poder militar es parte del poder popular“, y la segunda razón fue que esos ciudadanos, en su mayoría de muy bajo nivel educativo, debían ser los defensores de la revolución. Todo fue bien mientras el precio del petróleo y el funcionamiento más o menos normal de la economía le permitió al gobierno venezolano financiar a ese ejército de miles de subproletarios, pagados para reprimir a quienes protestan. Pero los años de las vacas gordas llegaron pronto a su final.

 

Casi tres millones de venezolanos han abandonado el país debido a la miseria, al hambre, a la desesperanza, la represión, la persecusión política y, sobre todo, debido a la absoluta ausencia de perspectivas de futuro. En tales condiciones a „los defensores de la revolución“ sólo les han quedado el deseo de supervivencia y las armas que les regaló el comandante. A falta de otras opciones utilizan esas armas para asegurarse, a cualquier costo, el pan de cada día. Subproletariado convertido, por necesidad, en bandas de delincuentes comunes. Se han convertido en la pesadilla del gobierno que los armó y en los cuervos que ahora le sacan los ojos a la sociedad que los crío. Al Estado no le ha quedado más remedio que declararlos fuera de la ley. Las fuerzas armadas regulares han salido a darles cacería. Son capturados y ejecutados sin tribunal, sin juicio, sin derecho a defenderse. Son un cáncer que hay que extirpar... De los 23 047 homicidios que ha habido en Venezuela en 2018, 7 523 han sido el resultado de lo que el gobierno llama „resistencia a la autoridad“, es decir ejecuciones extrajudiciales a manos de la policía. La revolución devorando a sus propios hijos.

 

En Nicaragua está sucediendo algo simililar: La dictadura Ortega-Murillo ha formado un ejército privado. Subproletariado armado con fusiles de guerra. Hasta ahora han asesinado a más de 500 ciudadanos. Pero también a esta dictadura se le están agotando los medios para mantener a esas bandas paramilitares. La economía va cada día de mal en peor. Ya hay vestigios de casos como los que abundan en Venezuela y no sería nada extraño que, a corto plazo, sean esas bandas los cuervos que les saquen los ojos no solo a los amos que los criaron, sino a toda Nicaragua, después de haber sido, hasta abril de este año, uno de los países más seguros de Latinoamérica.

 

Esperemos que el año nuevo traiga consigo una solución viable para todas las fuerzas involucradas. Esperemos que brille al fin una luz al final del callejón sin salida en el que nos encontramos hoy.

 

Carlos Ampié Loría

Dresden, Alemania – 30 de diciembre 2018

 

 

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